Compañero de equipo ideal

Notas sobre cómo construir equipos que perduran

Notas de campo

Lo que un club de barrio de Rosario aprendió al incorporar a su primera coordinadora dedicada

Voluntarios, recursos limitados y el lento trabajo de convertir el entusiasmo en una agenda.

Publicado el 14 de marzo de 2024 · Reportaje

Durante veintidós años, el programa de fútbol juvenil de este club de Rosario funcionó enteramente a base de favores. Los padres se alineaban junto al campo, los entrenadores hacían también de conductores y nadie llevaba un calendario de verdad. Eso funcionó hasta que dejó de funcionar. La temporada pasada, tres categorías por edad casi se desmoronaron porque nadie podía confirmar quién se presentaría los sábados por la mañana. Así que la directiva hizo algo que había discutido durante una década: contrató a una coordinadora a tiempo parcial y le pagó.

La resistencia llegó primero. Los voluntarios de siempre temían que un puesto dedicado convirtiera a los vecinos en espectadores y que la gente dejara de levantar la mano una vez que una persona asumiera el calendario. La hoja de planificación que zanjó el debate era poco llamativa: horas perdidas reprogramando, inscripciones no realizadas y dos temporadas de papeleo presentado con retraso. El registro defendió la decisión mejor que cualquier discurso.

A los seis meses, la coordinadora describe el trabajo como mayormente poco glamuroso. Perseguir a los padres para conseguir formularios firmados. Reservar el campo antes de que lo tome el club de rugby. Sentar a dos entrenadores que habían dejado de hablarse por una decisión sobre la alineación. Nada de esto parece liderazgo desde fuera, y todo ello mantiene unido el programa.

La junta sigue discutiendo qué viene después: si el rol debería crecer, si los voluntarios sienten algo distinto ahora, y cómo medir algo tan silencioso como una temporada que simplemente transcurre a tiempo.

Lo que cambiaron los primeros seis meses

  • El papeleo de inscripción ahora cierra en una fecha fija en lugar de dilatarse hasta entrada la temporada.
  • Las reservas de campo se confirman con un mes de antelación, poniendo fin a la carrera semanal.
  • Dos entrenadores que habían dejado de hablarse ahora comparten una rotación, de forma torpe pero funcional.
  • La participación de voluntarios se mantuvo estable, aunque la junta aún debate si eso durará.

La historia del club se suma a otros relatos sobre cómo las organizaciones pequeñas toman decisiones que parecen menores y resultan ser estructurales. Si diriges un equipo de cualquier tamaño, las preguntas aquí resultan familiares: quién lleva el calendario, quién contesta el teléfono, y qué ocurre cuando la buena voluntad por sí sola deja de ser suficiente.

Configuración de cookies

Usamos una pequeña preferencia del sitio para recordar tu elección sobre cookies y mantener una experiencia coherente. Puedes aceptar, rechazar o revisar la configuración antes de continuar.